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Niño Bruno

El punky que escuchaba a King Crimsom.

Entrevistan: Agus González-Lancharro y Asensio Ros "Wally".

Jose Bruno es un músico que toca la batería, un personaje con un gran bagaje artístico y muchas inquietudes culturales que se mezclan con la vida en la carretera. Tal vez la mezcla de todo esto se refleja en su forma de tocar. Acaba de reeditar su libro Batería y Canciones a la vez que Yamaha le ha fabricado su caja signature, la escusa perfecta para charlar con él y además ¡que diablos!…porque teníamos ganas.

¿Cómo acaba un punky “de cuna” inmerso en el panorama de la sesión?
Lo único que quería era tocar la batería. Fui un punky que escuchaba a King Crimson y a Yes, un punky de palo. Me gusta todo el rock en general y la verdad es que me siempre me resultaba infantil quedarme sólo con un género.

Me considero afortunado por seguir grabando unos cuantos discos al año, pero llegué tarde a los días gloriosos de los músicos de sesión, ya que ahora apenas se graban discos, los grandes estudios cerraron. En general, disfruto mucho grabando, ya sean proyectos de grandes compañías o cosas más independientes dónde hay más libertad para experimentar y probar sonidos “diferentes”. Me gusta experimentar tanto con los ritmos como los sonidos.

Muchos baterías abandonan el pop-rock o rock & roll hacia estilos como el fusión, el latin jazz, el jazz, salsa…(música principalmente para músicos). Estilos donde pueden lucirse más haciendo figuras, breaks y ritmos fuera del clásico 4/4, descuidando así aspectos fundamentales dentro del pop rock como son el tener un buen groove (importantísimo dentro del pop-rock), la pegada con un buen sonido personal, el tempo, la creatividad o musicalidad…. ¿Crees que tienden a pensar que se les queda pequeño el pop-rock?
Creo que no hay estilo fácil o dificil. Hay bateristas de fusión que me encantan, pero no me les imagino tocando con los Rolling Stones. Igual que a Charlie Watts tampoco le imaginamos tocando songo en 7/8. Creo que cada uno buscamos o nos encontramos con el lugar dónde creermos que podemos expresarnos mejor.

A mediados de los años ochenta aparecieron Steve Gadd y otros bateristas con una gran versatilidad que definieron lo que iba a ser el baterista moderno: alguien muy versátil capaz de sonar de forma auténtica en estilos musicalmente muy diferentes. Esa es la dirección que hemos buscado muchos bateristas desde entonces, la de poder tocar una noche un bolero y al día siguiente un bolo de rocanrol. Steve Jordan por ejemplo, entendió que los ritmos de baterías complicados eran algo pasado de moda y que lo importante era el groove basado en la simplicidad y en los noventa grabó un montón de discos de fusión tocando beats supersencillos. Bill Stewart es la quintaesencia del baterista de jazz moderno con un estilazo, un técnica y un sentido de la improvisación alucinantes, pero también le podemos escuchar tocando soul y funk con Maceo Parker. Brian Blade es otro gran baterista que puede sonar autentico tocando be-bop moderno o hip-hop sencillo. Creo que lo interesante es escuchar antes de tocar, luego tocar algo que sirva a lo que estamos escuchando y siempre tener claro que la música es más importante que nuestro instrumento.

¿Crees que la gente suele infravalorar al músico pop-rock? ¿No es lo suficientemente técnico?
Creo que esto es algo que ocurre más entre bateristas que se flipan con la técnica. En el mundo real la gente valora y aprecia un groove sencillo.

¿Qué metodología seguiste para mejorar tu estilo?
Escuchar muchos discos y hacer analisis del estilo de los bateristas clásicos. Cuando llegué a Malasaña en los noventas toqué en un montón de grupos de rock y me estudié el estilo de los grandes baterista de rock: John Bonham, Mitch Mitchell, Ringo, Keith Moon, Charley Watts, Ian Paice, todos estos clásicos tienen un estilo claramente diferenciado, incluso dentro de un lenguaje tan aparentemente limitado como es el rock. También me estudié a otros no tan clásicos como Mike Bordin, Lars Ullrich, Michael Giles, Bill Bruford, etc, mi idea era poder tocar un solo construido con los beats o fills de cada uno de estos baterista. Es algo que todavía muestro en mis clinics y que me parace imprescindible a la hora de intentar tener tu propio estilo: ser capaz primero de imitar el estilo de otros.

Después empecé a tocar con Def Con Dos y para mí fue un cambio radical de estilo. Por entonces empecé a estudiar a los bateristas de James Brown a Zigaboo Modeliste, David Garibaldi y otros clásicos del funk.

Aunque te hablo de rock y funk también estuve siempre abierto al jazz clásico y estudié los ritmos latinos.

¿Practicas menos que antes?
Desde hace tres años que volví a dar clases, desde entonces, practico más que nunca. Siempre hay muchas cosas interesantes que aprender y la técnica general siempre se puede mejorar, ademas de otros aspectos como la improvisación, el sonido, o groove.

Es cierto que pasé por años en los que mi filosofía era la de tocar la batería solamente cuando tocaba con otros músicos y dedicaba el resto del tiempo a tocar el bajo, estudiar piano, hacer música eléctrónica, escribir y leer. Manejarme un poco con el bajo y el teclado me ha servido luego para cosas: para componer para mi grupo y supongo que también para tener un sentido más musical de la batería.

Una vez me comentaste sobre la importancia de la afinación en el sonido, ¿Podrías explicarlo?
Está claro que con un buen sonido lo que toques va a tener más valor musical. En situaciones como el estudio de grabación el sonido es crucial. Hay que tener en cuenta que sacar un buen sonido no sólo depende del instrumento, sino también de nuestra técnica, el tacto en el instrumento y de la forma de entender la música. Algunos de mis alumnos se interesan por el sonido, con algunos descubro que para conseguir un buen sonido, primero hay que saber qué es un buen sonido y poder escucharlo en tu oído antes de buscarlo en el instrumento. Se puede aprender esto, inviertiendo muchas horas en intentar afinar tu instrumento, tocando en las baterías de los compañeros y escuchando en conciertos, principalmente en clubs pequeños, a bateristas que tienen un buen gusto para el sonido.

¿Crees que ya se ha superado la inferioridad del músico español que tenía que emigrar para conseguir una buena formación?
En Estados Unidos siguen estando los mejores, ellos inventaron la batería y la conocen mejor que nadie. Eso no quiere decir que en España o en cualquier otro lugar del mundo no haya grandes bateristas.

Yo me fui a USA con 20 años recien cumplidos, en la época en que todavía no había internet y si quería ver a los buenos, tenía que irme allí a verlos en los clubs. Es más, por entonces era complicado incluso conseguir discos para escuchar la música que te interesara. Ahora irse a USA a estudiar también tiene sentido tanto por la experiencia de aislarte totalmente de todo para concentrarte sólo en la música, como por conocer gente diferente con visiones interesantes del instrumento. Igual, también estoy seguro que tampoco es necesario estudiar fuera, creo que depende más de estudiar bien y dedicarle mucho tiempo, energía y de encontrar un buen profesor que sepa ayudarte en la dirección adecuada.

Tú que lo has vivido, ¿Cuáles crees que son las diferencias de enseñanza en España respecto al extranjero?
Creo que los métodos de enseñanza ya están muy estandarizados y se enseña lo mismo. Tengo un alumno que se llama David Serrano y que después de un año conmigo se fue al Drum Collective de New York. Hace poco estuve con él, pues hice una gira con Calamaro por USA y David me comentó soprendido que mis clases le habían servido de mucho, pués allí estaban viendo las mismas materías y las mismas canciones. También tengo otro alumno que se fue un año a una escuela en Londres muy conocida y ahora a vuelto a mis clases, pues dice que cubro materias más diversas, por cierto, que este alumno se llama Simón Cordero y acaba de quedar el segundo en el concurso Mapex.

¿Cómo surge el proyecto de crear tu propio modelo de batería Yamaha?
Es una propuesta que tienen abierta en Yamaha como “batería a la carta” y que consiste en que si tienes una idea de cómo quieres tu batería dentro del catálogo que ellos manejan te la puede fabricar en muy poco tiempo. Mi idea era la siguiente, con el tiempo he tocado casi todos los modelos de Yamaha y me encanta la Oak, la Maple Absolute, la Al Foster, pero mi favorita es la Maple Custom de bellota dorada, la que tiene 7 capas de madera. El caso es que hace tres años compré en ebay una batería Yamaha del año 1969 que me encanta como suena y noté que una de las diferencias de fabricación estaba en los bearing edges (el borde de la madera dónde se apoya el parche) que son más redondos por lo que hay más contacto madera parche. Así que mi batería “Yamaha a la carta” es una Maple Custom con los bordes redondeados, más chatos que en las yamahas de serie. Esto le aporta un sonido con menos sustain, más tono y más cuerpo de graves.

Y ahora Yamaha ha fabricado la caja Signature Jose Bruno. ¿Qué características tiene esta caja y cómo surge la idea de diseñarla?
El proyecto de mi caja signature parte de una propuesta de Javier Ochoa que dirige el departamento de baterías Yamaha en España. Que una marca como Yamaha fabrique una caja con tu nombre es tanto un priviliego como una responsabilidad. Javier sabe soy coleccionista de cajas y que he probado o tengo muchas del catalogo de Yamaha  además de una buena colección vintage, por esta razón pensó que me sería fácil dar con un diseño para Yamaha que fuera diferente.

Primero pensé en la parte práctica de qué ideas puedo aportar al catálogo de cajas signature Yamaha dónde hay gente cómo Steve Gadd, Elvin Jones o Steve Jordan. Bueno, mi idea era similar a la de mi batería a la carta, un casco de 7 capas con los bearing edges redondeados y medidas profundas 14×7. Y estoy muy contento con el resultado. Es una caja muy versátil que funciona en afinaciones tanto muy bajas para rock pesado, como en las muy altas para funk. Cuando la afino abajo sigo teniendo una respuesta clara de bordón y también buena sensibilidad a las dinámicas más suaves además de obviamente un backbeat gordo y rotundo. Pero lo interesante es que si la afino arriba tengo un crack penetrante muy funky pero no pierdo el tono cálido con cuerpo y el goshting clarito y ancho. Después eleguí un acabado que en guitarras llaman sunburst porque le va perfecto con el sonido clásico con buen tono y resonacia muy de madera que tiene esta caja.

¿Qué nos puedes comentar sobre las baquetas que está utilizando actualmente?
Utilizo baquetas Wincent desde hace tres o cuatro años. Son unas baquetas que me encantan, no son tan conocidas como otras marcas pero son material de primera. Hacen unos palos muy finos. Durante dos años utilicé las 5B de arce, porque quería poco peso pero buen agarre. En la sonoridad que busco en mi batería me interesa que predomine el tambor y no haya mucho plato y en ese sentido las baquetas de arce me ayudaron a evitar tocar fuerte en los platos. Después he vuelto a las 5A round tip. También utilizo las 7A para sonoridad más light. Me gusta tener varios modelos de baquetas en mi bolsa para utilizar las que crea más apropiadas para la música y el sonido que esté buscando

Te gustan las baterías vintage, ¿Coleccionas?
Bueno, empecé comprando baterías antiguas como una forma de aprender de sonido y de tener referencias claras de cómo suena las baterías construidas de forma diferentes. Con aros o sin aros interiores, con más o menos capas, con diferentes maderas, etc. También, porque musicalmente soy de gustos muy clásicos y para sonar por ejemplo a rock de los setenta o a bebop de los cincuenta, tienes que usar los instrumentos que se usaban entonces. Creo que ese es el valor de lo vintage el reproducir el sonido de grabaciones del pasado que nos gustan. También es cierto que si quieres sonar diferente tienes que usar una combinanción de cosas vintage y cosas modernas y que cada época tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas y que no se puede vivir en el pasado y en cosas que ya están hechas, sino que hay que vivir con los tiempos y hacer cosas nuevas.

Pero sí, el vicio o la curiosidad se disparó y ahora tengo 14 baterías y más de 30 cajas. Desde Radio Kings de los años 40’s, hasta cosas de luthier más modernas. Es simplemente coleccionismo, pues muchas de ellas nunca las toco, pero me encantan esos tubos de madera…(risas) y he aprendido cosas comparándolas y todo eso me sirvió para diseñar la caja Yamaha Jose Bruno Signature.

Con quién te quedarías: ¿con Pete Thomas (The Attractions) o con Dave Weckl?
Son dos muy grandes con estilos muy diferentes. De Pete Thomas me encantan los primeros discos de los Atracction especialmente This Years Model y Trust. De Dave Weckl me flipa su trabajo junto a Michel Camilo, sobre todo con el primer disco y Rendezvous.

¿Qué supone para ti la re-edición de tu libro “Baterías y Canciones”? No es un libro de instrumentista al uso… ¿Cómo lo definirías?
Me hace mucha ilusión hacer la reedición de Baterías y Canciones para la cual he añadido al libro dos capitulos más. El libro tiene un montón de buena información que no está en ningún otro libro de batería y no digamos en castellano dónde a penas existen libros. En la formación de un músico, además de las interminables horas pegado al instrumento es muy importante el tiempo invertido en escuchar discos con el fin de desarrollar gusto y musicalidad y de forjar las influencias que formaran el estilo propio.

Los discos considerados clásicos y la buena música en general, se puede escuchar con diferentes intenciones; una sería la meramente emocional del disfrute de la música; otra más técnica en la que analizamos el manejo instrumental y la estructura musical; y otra histórica en la que percibimos tanto las influencias del pasado como las aportaciones de esa determinada pieza musical a futuras generaciones.

El hecho de tener bien claras y trabajadas determinadas influencias y sentirnos parte de una tradición, nos permite a los músicos expresarnos con más naturalidad y seguridad y tambíen la posibilidad de en algún momento encontrar la llave que nos permita abrir una ventana desde la que se divise una visión personal.

En Baterías y Canciones analizo 25 discos clásicos desde diferentes puntos de vista que no son necesariamente bateristicos aunque siempre musicales, por eso no es un método al uso. Al escribirlo, obviamente utilicé como personajes protagonistas a los bateristas que están en esos discos, pero a la hora de argumentar el texto utilizé ideas tomadas de ensayos sobre creación artistisca, crítica literaria, biografias de músicos y pintores, de pensadores de diferentes disciplinas y de entrevistas en general. En ningún momento utilicé internet, solamente mi pequeña biblioteca y las ideas que he ido acumulando a lo largo de los años escuchando esos discos. Intenté encontrar un punto práctico a algo tan emocional como es tocar los tambores. La verdad es que en el momento de su primera edición estaba algo confuso con el resultado del libro, tal vez de tanto releerlo, pero ahora lo revisé para esta segunda edición y creo que es un buen libro, diferente tanto por su enfoque como por su contenido, muy ameno y con mucha información.

Con qué formato te encuentras más cómodo: ¿En grupo o con autor? ¿Podrías decir diferencias, si las hay?
Son situaciones diferentes y no creo que una sea mejor que la otra. Personalmente, pasé muchos años en grupos y cuando empecé a hacer giras con “artistas” me sentí en un terreno extraño, como pez fuera del agua. Y ahora, me costaría formar parte de un grupo porque no creo en la democracia musical, creo en intentar plasmar lo más claras posibles las idea de un individuo, en seguir la intución de alguien aportando mi experiencia y gusto personal.

Obviamente, en los grupos estás entre amigos los que compartes auténtica pasión por la música que haces. En los viajes se escuchan discos, luces tu última camiseta y te sientes comprendido y de alguna forma arropado no sólo fuera del escenario sino también durante el concierto que es el momento cumbre de la jornada. De alguna forma con los grupos lo más importante es la unidad musical. Luego, llega un momento en que tienen que convivir varios criterios y la negociación musical trae conflictos personales. Es bien sabido que un grupo tiene una duración limitada por los problemas que trae la intensa convivencia.

Por otro lado, tocando para artistas he conocido a grandes músicos y a grandes personas, a buenos amigos y a artistas con mucho talento. Y aunque el sentimiento de complicidad no es como en los grupos, en lo musical está más claro el papel de cada uno y se trabaja de forma más relajada. Sólo hice una gira en la que no me gustaba la música pero igual me divertí con los compañeros y gané buen dinero, y no hay nada de malo en tocar por dinero. No entiendo porque a los músicos se nos exige que cada trabajo que hagamos tenga que tener un elevado nivel artístico y se nos llamé “mercenarios” cuando la mayoría de la música que suena por la radio y escucha la gente, es cada día peor; y cuando hoy en día no existe ningún mecanismo que no se mueva por motivos económicos. No somos héroes del arte, somos solamente músicos.

Con Calamaro, por ejemplo, hemos encontrado un buen equilibrio entre banda y artista. Para empezar tocamos música que nos emociona. La banda somos casi los mismos desde hace cinco años. Somos amigos pero no tenemos la presión de la creación artística y las decisiones dependen de Andrés. Hacemos un buen equipo y giramos mucho por America, con lo cual las giras no se hacen monotonas por lo novedoso de conocer paises diferentes. Además, Andrés nos da total libertad para improvisar sobre el escenario, para utilizar los intrumentos que queramos y probar cosas diferentes. Yo por ejemplo, cada año cambio el set de batería, bien el modelo, bien las medidas, los platos, las caja. Creo que los músicos estamos en constante evolución y eso hay que reflejarlo en la música que tocamos, sea en bandas o tocando con artistas.

Te hemos podido ver en tu trío con Julián y el Lichis…¿En qué fase se encuentra ese proyecto?
Desde hace dos años compongo música instrumental y tengo la oportunidad de tocarla en estos programas de televisión que pasan por la noche. Es un trabajo muy creativo componer mis temas y buscar gente que los interprete. Me divierte mucho y eligo ritmos que no toco normalmente con cantantes, como cosas de funk clásico, second line de New Orleans, ritmos latinos o beb-bop. Con Lichis y Julián Kanevski grabé 15 temas, y la verdad es que los tres quedamos muy contentos con la experiencia de grabar música inttrumental. También he hecho otras grabaciones de mis temas con Santi Martín al bajo y Carlos Murillo al teclado.

¿Cuándo te encuentras en la audiencia de un concierto o escuchando un álbum por primera vez? ¿Qué elementos buscas?
Depende de la música. Por ejemplo me encanta el rock en castellano y disfruto mucho de una buena letra. Acabo de grabar unas canciones del proyecto nuevo de Lichis que no hace falta decir  que es uno de los mejores escribiendo canciones en castellano y es una gozada tocar canciones con esas letras. Cuando toco con un cantante, escucho la letra y me dejo llevar por el fraseo, el pulso y la dinámica de la voz y también por la historia que cuente. Puede que mis fills sean un reflejo de la forma del cantante de articular una palabra o decir cierta frase. También escucho los demás instrumentos, y busco crear una unidad entre todo lo que está sonando, pero para mi lo más importante es la voz. Yo toco para el cantante y he tenido la suerte de tocar con algunos muy buenos como Calamaro, Miguel Rios, Lichis o Fito.

Otro cosa es la música instrumental, dónde hay que escuchar con mucha atención a los demás y mantener un equilibrio my delicado entre lo que tu tocas y lo que te viene de los otros instrumentos.

¿Con qué experiencia vivida hasta ahora te quedarías?
Bueno, creo que con la experiencia de tocar música. Hay días que salgo de mi sala de ensayo de haber estudiado unas horas y siento lo mismo que saliendo de una buena sesión de estudio de grabación: una gran satisfacción.

Luego está el escenario que es una emoción diferente por la energía que aporta el público. Escribí un libro sobre una gira de 100 conciertos que hice con Fito y Fitipaldis, contando anécdotas de cada bolo ilustradas con fotos, intenté atrapar lo intenso que es vivir en la carretera, una forma de vida donde se mezclan las emociones musicales, la sensación de libertad más absoluta, la diversión y la locura de una forma trepidante. Lo escribí con la intención de luego acordarme de lo vivido, porque en las giras lo más normal es que después de tantos viajes, gentes y situaciones no recuerdes mucho de lo que pasó y todo se convierte en un recuerdo confuso mezcla de camerinos, carreteras y gente que no vuelves a ver.

He vivido giras con mucho rocanrol que he disfrutado de lo lindo, incluso siendo de los más tranquilitos de la tropa. Los años con Def Con Dos fueron divertidísimos. Estos últimos años, me ha dado más por aprovechar todo el tiempo libre que tenemos en la carretera para leer y escribir. Y en las giras por América para conocer paises, gente y culturas. La carretera es una forma de vida muy intensa con la que muchos músicos mantienen una relación amor odio, por lo intensa y agotadora que resulta. A mí me encanta. Me parece una de las cosas  más gratificantes de nuestra profesión.

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